divendres, 22 de juny de 2007

Només per a incondicionals

Aquest cop un post BEN llarg.

Us adjunto el text complert que vaig enviar fa dos mesos al Magazine. Només una petita porció va tenir la sort de ser publicada el diumenge 17 de juny. Tal com diuen aquí a Libèria: "one better than zero".

Gràcies pels correus de suport, pels comentaris que m'heu fet arribar, ...

La setmana vinent comença el meu recorregut westafricà, de manera que no espereu massa noves en el bloc. En tot cas, aquest llarg text pot servir de comiat.

Tornaré per terres catalanes a inicis de setembre. Ens re-veurem.
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1) -Me gustaría saber que te llevó a dejarlo todo para entrar en los jesuitas... ¿cómo fue esta decisión? ¿Recuerdas cuando? ¿Qué tuviste que dejar?
Yo nunca atendí ninguna escuela religiosa, pero a los diez años empecé a participar semanalmente en un grupo de tiempo libre vinculado a la iglesia. Era uno más del montón. No especialmente devoto. Cuando tenía veinte años fue algo muy normal. Un proceso paulatino, sin apariciones de la virgen, ni visiones apocalípticas. Fue la culminación de un camino interior y exterior.

Yo llevaba años viviendo todo mi tiempo libre al servicio de los otros. Organizando actividades para los chavales y visitando un hogar de minusválidos. A la vez, mi fe en el Dios compasivo mostrado por Jesús de Nazaret iba creciendo. Todo ello en un ambiente muy distendido, entre juegos, excursiones, acampadas, guitarras, donde la persona y no las normas eran el centro.

Después de dos experiencias, cortas pero intensas, en el llamado tercer mundo, el impacto de la extrema pobreza me dejo tocado. La llamada al servicio los más pobres me hervía dentro. Una pregunta quedaba en mi interior: “¿Qué quieres hacer de tu vida?” Así que, cuando me decidí a intentar hallar la respuesta, me topé casi por casualidad con los jesuitas. Tenía 21 años. Después de un año y medio de proceso, de crecimiento, de maduración, percibí con fuerza que el deseo de servir a los demás y el seguimiento de Jesús eran las dos caras de una única moneda. Fue un momento bonito. Sentado a la vera del camino recorrido, en un alto, mirar hacia atrás y entender. Encontrarle sentido a todo lo vivido, captar la propia vida apuntando hacia una dirección. Desde que entré en contacto con los jesuitas, su vida (palabras y acciones) me atraía profundamente. Esa vida podría ser mi forma de estar en el mundo desde Dios. Entonces aposté (otros lo ponen en pasivo: “respondí a la llamada”). Pedí entrar al noviciado en mayo del 2000 y fui admitido.


2) -¿Cómo definirías el cambio de vida que viviste en el 2000?
Dos palabras: rotura y continuidad. Rotura por un lado, pues tuve que dejar atrás una relación de pareja, la carrera de arquitectura, familia y amigos para marcharme a Zaragoza durante dos años.

Continuidad porque era una decisión que ponía de manifiesto un deseo que hacía años que habitaba en lo hondo de mí mismo. Los dos años de noviciado son una experiencia fundamental. Uno se sumerge en lo más profundo para intentar sondear la voluntad de Dios para con uno mismo, y a la vez confrontarse con las motivaciones reales que le mueven.

Al completar los dos años profesé públicamente los tres votos de la vida religiosa: pobreza, castidad y obediencia. Tres compromisos: pobreza para apostar siempre por personas y no por las cosas, castidad para ofrecer la propia afectividad a todos, obediencia para incorporarse a un proyecto común. Los tres votos intentan expresar de una vida alternativa, que niega tres idolatrías muy extendidas. Pobreza frente al tener, castidad frente al poseer, obediencia frente al hacer.

3) -¿Cambió mucho tu relación con los demás? Amigos, familiares, parejas.. ¿Cómo entendieron y vieron tu decisión? ¿Mantienes el contacto?
Mis padres inicialmente no lo entendieron para nada. Ambos atendieron escuelas religiosas, pero eso fue en su tierna infancia. Los 60 y el hipismo barrió casi todo sentimiento religioso en ellos. ¿Cómo? ¿nuestro único hijo varón se nos hace cura? Mi madre lloraba y mi padre se rebotó. Eres demasiado joven, no has visto mundo, tienes que terminar la carrera de Arquitectura, vas a ser un don nadie,... Mi hermana (tres años mayor) tampoco entendía mucho de que iba el tema. Le quedaba muy lejos. Aunque no comprendieran, en todo momento me apoyaron. Cuando intuyeron que mi determinación era firme y nacida de dentro, me apoyaron incondicionalmente.

Luego, con los años, TODO mi mundo de relaciones se ha hecho mucho más rico. Para muestra un botón. Con mi madre la relación siempre ha sido muy estrecha. Hoy es todavía más intensa. De adulto a adulto. O de amigo a amiga como quieras decirlo. Ya no soy su “pauet” (pablito) sino una persona madura, con una apuesta de vida definida. Compartimos penas y alegrías.

Evidentemente mantengo el contacto con mi mundo de relaciones previo a mi vida de jesuita. No soy un monje de clausura, no tengo vocación eremítica. Los jesuitas vivimos a la apostólica (como los 12 apóstoles de aquí para allá, ligeros de equipaje, anunciando la buena noticia). San Ignacio, el fundador de los jesuitas, siempre quiso que la ayuda a los demás (“ayudar a las almas” decía él) fuera el centro de nuestras vidas. Todo lo demás en tanto en cuanto. La vida en común en tanto en cuanto nos ayude a estar abiertos al otro. Incluso los rezos en tanto en cuanto. Pues a veces la meditación (o la vida intelectual, o la vida común) pueden ser escapatorias del mundo real, del hermano sufriente. Un jesuita debe recrear en cada conversación (en cualquier lugar donde se dé) un “monasterio” (remanso de paz, de acogida incondicional, lugar de sanación interior y donde beber de la Fuente de agua viva), así podría definirse nuestra especificidad dentro de la variedad de carismas.

4) -Cuando empezaste a estudiar arquitectura, ¿que sueños profesionales tenías? ¿qué querías llegar a ser?
Yo acabé estudiando arquitectura más por accidente que por otra cosa. Cuando tocaba escoger, hice uno de esos test llenos de preguntas más bien tontas pero que por arte de birlibirloque (¿psicología le llaman?) tu yo profundo sale a la luz. Pues nada, el test dijo que tenía una vocación técnico-artística de caballo. Por eso empecé arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Barcelona. En honor a la verdad, ahora recuerdo que de pequeño me pasaba horas con el Lego, llegué incluso a montar una ciudad entera en mi cuarto.

Durante los primeros años de carrera no tenía muchos sueños profesionales. La presión académica era tal que uno sólo manejaba a ir aprobando asignaturas. Y mientras, mi tiempo libre lleno de chavales, juegos y excursiones al monte.

Poder terminar la carrera a la vuelta del noviciado, ya como jesuita, me dio también una nueva perspectiva. Le encontré más sentido a los estudios. Hoy, después de haber construido más de diez escuelas en Liberia me siento plenamente arquitecto, aunque me considero un outsider.

Siempre me han cabreado los arquitectos divo.Y os lo digo, hay mucho arquitecto divo suelto en España, pero sólo unos pocos pueden permitirse vivir en la cresta de la ola. Los más, viven frustrados haciendo casas adosados diciendo que su talento está desperdiciado. Siguen pensado que no son menos que Norman Foster o Zaha Hadid. Con los años, esa frustración se convierte en cinismo, y acaban vendiéndose hasta al mismísimo diablo por un plato de lentejas. Muchos piensan que la auténtica arquitectura es la que sale en las revistas de moda, la que gana concursos y acumula premios.

Al arquitecto honesto le importa un comino lo que los grandes digan. Está al servicio de los pequeños, de la gente sencilla. Respeta las técnicas locales, evita en la medida de lo posible los materiales importados, apuesta por la producción local y ayuda a mejorar las condiciones de vida. Más importante todavía: incorpora a los clientes/usuarios/destinatarios en todo el proceso, les brinda una ocasión privilegiada para compartir un proyecto, para unir esfuerzos. En España la burocracia ha distanciado tanto la dirección facultativa del cliente que esa sinergia ya no es posible. Pero en África, esa conexión es vital, es la que da sentido a mi trabajo como arquitecto. Que las comunidades participen en su propio desarrollo. Que produzcan los materiales, que conozcan las técnicas. Que los carpinteros y albañiles construyan la escuela para sus propios hijos y nietos.

5) -¿Encuentras a faltar algo de tu vida de antes de ingresar en los jesuitas?
Mi vida hoy es plena. Tengo mucho que agradecer por tanto bien recibido. Es cierto que hoy no hago lo mismo que ayer. Pero eso es parte de la vida misma. Escoger significa apostar, decir sí a ciertas cosas y decir no a otras. Y lo que moviliza a uno son los síes. El trabajo cotidiano cosiste en actualizar cada día ese sí pronunciado en un momento determinado.

Confieso que echo en falta el monte. No me queda mucho tiempo para ir al Pirineo, encaramarme a alguna vía de escalada,... Pero eso no es por restricción alguna, sino porque me organizo mal. En la vida de un religioso, el descanso y el tiempo libre son tan importantes como los ratos explícitos de oración. Uno solo puede ofrecerse a los demás si está interiormente equilibrado. Y además Ignacio de Loyola ya decía que hay que aprender a buscar y hallar a Dios en todas las cosas. En la iglesia, en el bar, en el aula, en el monte, en la ciudad, en el metro. Es un tema de sintonía. No es cuestión de cabeza, sino de afectos. No es un tema de moral sino de pasión. Lo que encuentro a faltar es nada en comparación con la satisfacción que me aporta saberme al servicio de los demás en nombre de Jesús.

6) -¿Hay momentos en que te hayas arrepentido de tomar la decisión? Si es así, cuando...
No. Pero en estos años ha habido momentos bajos, es cierto. Momentos en los que no entiendes muy bien que sentido tiene lo que haces, en los que te parece que la apuesta inicial ha caducado. Pero han sido momentos de crecimiento. De tomar nuevo impulso. Si la semilla de trigo no cae y muere, no hay forma que dé fruto. En mi caso, cuando me he sentido vacío por dentro he intentado llenar mi afectividad con miles de cosas. Pero al final, vuelvo al Padre, reconozco que mi interior ha estado consagrado, ofrecido a todos mis hermanos, sin exclusivismos. Como jesuita reconozco mi debilidad, y pongo mi esperanza en Aquel que sí es capaz de amar incondicionalmente.

7) -¿Desde qué momento tuviste la necesidad de empezar ayudar a los demás?
Surgió en un momento doloroso. Yo llevaba unos 7 años como chaval en el grupo de tiempo libre. Durante el verano de 1994 mis padres se separaron. En ese preciso momento, cuando más auto-centrado debía haber estado, empecé yo a dar a los chavales lo que durante tanto tiempo había recibido. El estar por los demás fue muy terapéutico, fue sanador. El proceso de separación no fue amistoso, lo pasé mal, pero la ayuda a los demás me recordaba que yo no era el centro del universo, que había gente que me necesitaba.

8) -¿Por qué motivo decidiste ir a África?
África ha estado llamando a mi puerta desde mi primera corta estancia en verano 1998. Pero a ver que quede claro. Un jesuita no decide unilateralmente dónde ir o dónde trabajar. Uno es enviado. ¿Y quien carajo le envía? A ver si consigo explicarlo. Imagínate un grupo de casi 19000 locos por Jesucristo y por su reino de justicia, que intentan vivir conjuntamente esa chaladura. ¿De alguna forma se tendrán que organizar, no? ¿Y después de casi 500 años habrán destilado un sistema más o menos sensato? Pues nada, hoy los jesuitas nos organizamos en provincias, en cada una de ellas el provincial (uno entre nosotros) durante 6 años ejerce un liderazgo paternal. Escuchar mucho, hablar con cada uno a menudo, consultar, estar atento a los signos de los tiempos, estar conectado con los jesuitas de otras partes del mundo y tomar las decisiones necesarias.

Yo no he renunciado a mi libertad, la he puesto al servicio de un proyecto común, más allá de mis caprichos, de mis gustos. La decisión de estar dos años en Liberia surgió después de largas conversaciones y de un tiempo de discernimiento conjunto. El deseo de estar directamente aliviando el sufrimiento del pobre tuvo mucho que ver. Por eso hoy estoy como voluntario en el JRS (Jesuit Refugee Service) en Liberia.

En definitiva es toda la Compañía de Jesús (jesuitas) la que me ha enviado aquí. Me siento unido a mis compañeros que están por el ancho mundo ejerciendo de profesor en ESADE, o de cartero en Algeciras o de trabajador social con los sin techo en Madrid. Una misma locura expresada de formas distintas, intentando transformar la sociedad desde todos los niveles.

9) -¿Puedes explicarme tu trabajo en Liberia y cómo es tu día a día?
Levantar un país después de 14 años de guerra fraticida es MUY difícil. No quedó nada en pie. Infraestructuras, gobierno, sistema judicial, economía, educación, sanidad, tejido social, todo está por hacer. Y lo más difícil, ayudar a las personas a la reconstrucción personal. A que crean que vale la pena volver a apostar. Algunas historias son para no dormir. Hace un mes una joven, me contó su historia. Cuando tenía trece años los rebeldes entraron en su poblado, mataron a toda su familia, y se la llevaron para usarla de esclava sexual durante años. Hoy vuelve a casa y ¿qué debes decirle? Nada. Las palabras molestan, duelen.

En Liberia somos una quincena de voluntarios internacionales, de todas partes, laicos y religiosos. En Lofa (la región noroeste del país) somos cuatro. Un pamplonica, un francés, un sacerdote jesuita nigeriano y yo. El más mayor tiene 36 años. Estamos gestionando 6 proyectos para ayudar al pueblo liberiano en este momento crucial de retorno a casa. Llevar alimentos para los niños y niñas a 78 escuelas esparcidas en toda la región (unas 140 toneladas mensuales). Un proyecto de agricultura para veinte escuelas (para mejorar la dieta y para que los profesores tengan algún incentivo). Otras tantas escuelas con un programa de sensibilización en temas de salud. Un programa de formación para más de 600 profesores. La construcción de escuelas destruidas durante los años de guerra. Finalmente el proyecto de asistencia a vulnerables (viudas, ciegos, amputados, gente mayor,…) construyéndoles casas.

Yo me encargo de los dos últimos. La gente acaba de retornar del exilio y necesitan urgentemente infraestructuras escolares y casas donde cobijarse del sol y las lluvias torrenciales. La participación de las comunidades locales es esencial para el éxito de los proyectos.

Mi día a día es bastante variado. Alternativamente visitas al terreno a alguna de las comunidades donde estamos construyendo (la más lejana a tres horas en 4x4) y trabajo de oficina. Por las tardes hay días que consigo robar un rato para hacer deporte, leer un poco o visitar a alguna familia del vecindario. Los fines de semana acompañando a la comunidad católica. Los domingos disfruto especialmente de la misa, con cantos y bailes.

10) -¿Proyectas tú la escuela que se está construyendo? ¿Qué más has hecho?
Aquí uno proyecta, hace de constructor, de logista, de suministrador de materiales, de aparejador, de albañil, de carpintero, de animador comunitario, de mediador en disputas, ... lo que haga falta. Ni permisos, ni licencias, ni células de habitabilidad,... Sentido común. Mucho sentido común. Los edificios que estamos impulsando apuestan por una tipología lo mas respetuosa posible con la tradición local, sacando lo mejor de los materiales locales y ofreciendo alternativas viables a los materiales importados. Sólo necesitamos un poco de cemento y clavos. Así, la comunidad produce in situ los materiales para los muros (bloques de tierra comprimida), suministra la madera para levantar el entramado y produce las tejas de micro hormigón para la cubierta.

11) -¿Cuál es la mayor satisfacción de estar en África?
Cuando estaba en Barcelona, África era para mi un sueño. Era una imagen la que me atraía. Una sombra, un deseo. Hoy África es un mundo de relaciones, una nueva manera de entender el mundo. Esa sería la mayor satisfacción. Haber dejado que África entre dentro de mi. Con sus dulzuras y sus amarguras. África ya no es una sombra volátil, sino un gran pedrusco en mi itinerario vital.

También destacaría el privilegio de poder caminar con una gente que tiene una resiliencia alucinante. Han pasado por todo, han sobrevivido en la selva meses alimentándose de frutas y raíces, les han matado a familiares y amigos. Y continúan en la brecha, con energía para reempezar la vida de nuevo. Muchos construyen su casa por cuarta vez, con sus propias manos, pero no por eso desesperan.

12) -¿Cómo se ve el mundo desde aquí?
Jodido, la verdad. Los que estáis ahí arriba no os dais cuenta de lo mal que está el patio. No os podéis dar cuenta, aunque lo intentéis. Demasiadas comodidades, demasiado tinglado como para que el dolor ajeno afecte, movilice. Y las imágenes en la televisión no sirven para nada. Para los que vivís en la sociedad opulenta os queda todavía una alternativa, una pequeña puertecilla. Arrimaros humildemente a los excluidos de la sociedad, escuchar una y otra vez sus narraciones y dejaros abrasar por la llamada de justicia que nacerá en vosotros.

Sólo cuando uno tiene el privilegio de conocer de cerca historias de sufrimiento se da cuenta de la magnitud de la tragedia. Y ese conocimiento lleva meses.

En la región donde vivo, todo el mundo cocina con leña, vive en una casa endeble de barro y paja, trabaja de sol a sol para conseguir algo que comer, anda 5 horas para ir al mercado más cercano y ve morir a sus niños de una simple diarrea. Está muy jodido. Y por desgracia la solución global no está a su alcance. Duele ver como decisiones tomadas muy lejos (Davos, Washington,…) afectan vidas concretas aquí. Gente con nombres y apellidos: Sonnie Korpu, Siah Manjoe,… Millones de vidas desperdiciadas. ¿Hasta cuando?

13) -¿Tienes intención de volver a España? ¿aceptarías un trabajo comercial como arquitecto?

En Septiembre vuelvo a Barcelona para reempezar mis estudios teológicos. Me quedan por delante entre 3 y 5 años antes de la ordenación como sacerdote jesuita, después de la cual seré enviado a una nueva misión. Hoy por hoy, no le encuentro sentido a ejercer mi profesión en una sociedad opulenta. No me imagino discutiendo con mi cliente: "el parquet lo quiere a rompe junta, o a junta seguida?". No me queda paciencia para eso, otros ya tienen más práctica en ello.


6 comentaris:

eloi ha dit...

Ei Pauet!, moltes gràcies per penjar-ho! m'ha agradat molt i m'esperona (com era allò?... "espolear a los que ya corren"?). fins aviat.

eloi ha dit...

Ei Pauet! ja està en marxa la preparació de la primera trobada de blocaires cristians de catalunya, si t'interessa (per dates pots estar-hi):
http://elblocdeleloi.blogspot.com/2007/06/preparant-la-primera-trobada-de.html

Anna Llenas ha dit...

Hola Pau! Per on pares?
Jo també vaig llegir la teva entrevista del Magazine i em va fer molta IL.LUsió. Me la va ensenyar la Núria Prat, la qual també vol veure't quan tornis!
Apa bon viatge i fins aviat,
També ett passo el meu nou BLOG on també hi he adjuntat el teu,

Una abraçada,
És:
http://annallenas.wordpress.com/

Té la mà Maria - Reus ha dit...

salutacions des de Reus

bona feina si senyor !!!

Silveri Garrell ha dit...

Extraordinari el teu relat, Pau, ja cercaré el teu article al Magazine. Soc de l'opiniò que demanen masses estudis per ser sacerdot, n'hi hauria prou en saber escriure correctament i poder demostrar una integritat moral. Pel que expliques ja te'l mereixes de sobres el titol de sacerdot jesuita. Ets un sant nanu. Salutacions, i que Deu et beneieixi.

Ramon Bassas ha dit...

Bon Nadal.